Un problema es una cuestión o punto discutible que requiere de una solución, por ejemplo, se me rompe el caño del baño, ese será el problema y llamar a un experto en esas cuestiones como un plomero es la solución que requiere el mismo para dejar de ser problema.
Ahora bien, esta es la definición más general que se puede dar acerca del concepto, en tanto y dependiendo de la materia de estudio, existen distintos tipos de problemas.
Por ejemplo, para las matemáticas, un problema es una pregunta sobre objetos y estructuras que requiere una explicación y demostración (quién no habrá tenido en sus épocas escolares un auténtico problema con las matemáticas, no?…) Estos pueden ser de cálculo, algebra, geométricos y no algorítmicos. Y por otro lado está el llamado problema didáctico que es aquel que se utiliza mucho en la escuela para lograr que el estudiante afine y pula su razonamiento y que para su solución requiere de la implementación de las matemáticas pero también de la lógica y el seguimiento de tres pasos fundamentales, primero comprender el problema, luego abstraerse de el, sustituyéndolo por una expresión matemática y por último, llegar, entendiendo claro, al resultado.
Bueno, todo esto en el ámbito matemático, en tanto, socialmente, un problema puede ser un tema social pendiente que de ser solucionado dará a lugar determinados beneficios sociales que se pueden traducir en mayor productividad, menor confrontación y mejor calidad de vida.
Poniéndonos un poco más reflexivos, abstractos y espirituales, en la religión y en la filosofía el concepto de problema está muy presente. En la primera por ejemplo es la contradicción entre dos dogmas, como puede ser el problema del mal, que sostiene la existencia y convivencia de un Dios bueno con el diablo y el infierno, lugar de ser de este último. Y para la filosofía, enquistada en los devenires y avatares del ser, un problema es aquello que perturba la paz y armonía de quienes lo padecen.
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